A LA INDIA EN MOTO – Capitulo I

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CUMPLIENDO SUEÑOS: ASTURIAS-INDIA EN MOTO

CAPITULO I

ITALIA, GRECIA, TURQUIA Y PASO FRONTERIZO CON IRAN

Todo empezó por un sueño, de esos que tenemos por cumplir y que por unas cosas y otras vamos dejando de lado; un sueño de los muchos que tengo pendientes de hacer realidad, o al menos intentarlo. Supongo que cuando la vida nos pone entre la espada y la pared es cuando reaccionamos y este fue mi caso, tras una terrible negligencia médica en el año 2010 que terminó conmigo a dos horas de la muerte, me desperté en la UCI de un hospital tras haber estado casi un mes en coma y aunque después vinieron años muy duros, un buen día decidí dejar de lamentarme y cumplir sueños y uno de ellos era éste “ir a la India en moto”. Me puse manos a la obra, leyendo cosas sobre los diferentes países que iba a atravesar, hablando con unos y con otros, recopilando toda clase de información útil para este viaje, preparándome para los diferentes terrenos por los que tendría que rodar y haciéndome con la nueva moto, que no me resultó fácil, llevaba toda mi vida en el mundo custom y ahora, me había comprado una GS, a la que bauticé como LUSI, en honor a mis dos labradoras, Luka y Sira.

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A priori todo estaba a favor, Europa es fácil y la India es muy turística, así que la gran incógnita era Irán, país por el que todo el mundo me preguntaba; las mujeres no pueden conducir motos y además las de alta cilindrada están limitadas, así que tenía que informarme y  solicité una audiencia con la embajada iraní en Madrid. Ante un rico té, bebida muy popular en el país, charlamos sobre lo que quería hacer, eso sí, ante el asombro del Cónsul cuando me preguntó cuántos conformábamos la expedición y le respondí  que yo sola.

Desde esta embajada me garantizan que no es un país problemático y que es seguro. Hablamos de la moneda, de los trámites burocráticos, del farsi o persa y de lo rico que era su país en arte entre otras muchas cosas.

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El 22 de septiembre de este año 2016, escoltada por algunos amigos hasta el límite de provincia con Cantabria, inicio el viaje que me llevará por Italia, Grecia, Turquía, Irán, e India, Pakistán me resultó imposible, y aunque en un principio lo había descartado por su peligrosidad, llegada la hora lo intenté, pero, “mujer sola, en moto, visa no”.

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Al final resultaron 18.000 kilómetros  rodando en  moto, unos 15.000 con mi moto y sobre 3.000 con la que tuve que alquilar en India. Rodé durante  dos meses pasando por toda clase de situaciones, con un montón de anécdotas y temperaturas desde los 47 grados del Golfo Pérsico, hasta los -12 de Turquía y como siempre encontrando buena gente en el camino dispuesta a ayudarte o simplemente a charlar. Al final, las cosas no son como nos las cuentan sino como las vemos, y cada uno de nosotros tiene su propia visión, opinión, vivencias, ni mejores ni peores, simplemente personales.

Mañana, sin pensarlo, volvería a coger mi moto para iniciar nuevamente un viaje, con sus complicaciones, alegrías, momentos malos, diferentes, singulares, porque esa es la grandeza de un viaje, EL CAMINO, ese camino que te permite con el “alma abierta” adentrarte en una cultura diferente, y desde la moto,  que tiene esa buena cualidad de permitirnos interactuar más con la gente, degustar y disfrutar la vida, e invertir en cumplir sueños que son el motor principal del día a día.

BARCELONA- ITALIA-GRECIA

Decido coger un barco en Barcelona hasta Italia, atravesar la “bota” y coger otro hasta Grecia, era una forma de ganar tiempo. El barco llega puntual a Civitavecchia en Italia y me voy directa a Bríndisi mi otro barco para llegar a Igoumenitsa en Grecia.

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Me apetece mucho adentrarme en Tríkala  una bonita ciudad griega, y rodar entre sus montañas. Termino literalmente perdida en una carretera llena de curvas muy cerradas y con cruces en recuerdo a fallecidos en accidente de tráfico por todos los lados, disminuyo la velocidad y poco a poco comienzo a ver montañas redondeadas, el GPS me lleva por un camino de tierra, y empieza poco a poco a estrecharse, muchos kilómetros en tensión y sin ver ninguna casa, pero el GPS me indica que es por allí y como no había forma de dar vuelta continúo hasta “arrepentirme de continuar unas cuantas veces”, y ahora, ahora pienso lo bonito de una foto, pero, en esas situaciones en lo único que puedo pensar es en salir de allí y entonces de repente empiezo a ver un vallado y fincas más o menos organizadas y ya sí, al fondo unas casas y una carretera asfaltada….¡Ahora sí!, ahora ya, paro la moto, me quito ropa, bebo agua y respiro pensando en la alegría tan grande de ver casas.

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Continúo ruta hacia Alexandroupoli y cae la noche, así que me quedo en un hotel de Salónica. Bordear el mar  Egeo, a  su vera, es sencilla y llanamente espectacular, con su color turquesa, sus calas, su arena blanca…¡¡Dios que sensación de felicidad!!, a una la dan ganas de pararse cada poco para hacer fotos, porque verdaderamente es una postal de infinita de belleza.

Los griegos son gente muy agradable, pero gritan un montón y por cierto las cocineras fuman en la cocina, los camareros fuman en el bar, los clientes fuman en el local, los perros entran a los restaurantes, los gatos hasta se suben por las mesas y a la hora de conducir están como “chotas”, cariñosamente hablando….la línea continúa no existe  y te adelantan por la derecha, izquierda, por donde sea y cortando las curvas que hacen rectas. Avanzando en mi viaje me fui dando cuenta de que cada vez se conducía peor a medida que me acercaba a la India.

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La carretera hacia Alexandroupoli fue más bien pista de tierra y alguna con hormigón maltratado. Hubo un momento en el que estaba sola en mitad de la nada durante unos 80 km… atravesando campos de algodón con asentamientos marginales de los que allí trabajan y de repente gente en todo terrenos colgadas de las ventanas a todo tren por las pistas.

El mejor y a la vez peor momento fue cuando de repente un empedrado hacia arriba en mitad de la pista con una  bajada de vértigo y eran piedras tamaño XL….pero ya no había marcha atrás, me lancé y lo pasé…¡ Quién me lo iba a decir a mi!… Lo cierto es que fue un momento de plenitud, y LUSI, mi BMW GS 700 se portó!

En Alexandroupoli, ciudad turística, no encuentro habitación libre en los seis hoteles que visito, así que, me lanzo a acampar. La mañana siguiente, una espectacular puesta de sol, compenso toda una noche sin dormir, y es que a veces el mejor hotel lo llevamos en las alforjas.

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TURQUÍA

 Pongo rumbo hacia la frontera con Turquía entrando por Edirne, noto las consecuencias de la escalada de atentados que ha sufrido el país porque los registros son minuciosos y en mi caso tuve que vaciar todas las maletas, la frontera al igual que el resto del país está tomada por la policía y el ejercito con continuos controles repartidos por todo el país.

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Una vez pasada la frontera, me paro para hacer unas fotos y aparecen unos militares que me obligan a continuar, así que continúo y a los pocos kilómetros otro control que te obliga a pasar por una especie de trincheras con sacos que levantan en mitad de la carretera.  Definitivamente Turquía está en alerta máxima.

Turquía es el paraíso del off road,  miles de kilómetros de pistas de todo tipo, por las que puedes rodar sin ningún problema, entretenidas, sencillas, complejas, obligatorias, es un disfrute absoluto para los amantes de este tipo de conducción.

ESTAMBUL

Al fin llego a Estambul, Istanbul, y LOCURA DE CIUDAD, entre el sofocante y ahogado tráfico, donde los griegos empiezan a ser buenos conductores al lado de los turcos. Estoy perdida en medio de la enorme ciudad y me paso más de dos horas entre un tráfico que no fluye y donde se forman continuos embudos que no dejan pasar ni a las ambulancias con las sirenas puestas.000 (2).jpg

Tengo que decir que las maravillosas vistas sobre el Bósforo que separa Europa de Asia, me las regalaría el amanecer de dos días después, porque el tráfico era tan sumamente intenso cuando llegué que era imposible despistarse con nada. De repente, me veo en mitad de un barrio céntrico, entre camiones, furgonetas y carros con mercancía que se cae aquí y allí; frena, acelera y pita, pita cuando un camión se pone a dar marcha atrás y me quedo a escasos 15 centímetros de él sin posibilidad de dar para atrás, estaba cuesta abajo, supongo que los golpes en la puerta de aquel hombre que pasaba por allí impidieron que Lusi y yo terminamos acariciando el suelo bajo sus ruedas.

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Después de un buen rato entre callejuelas, encuentro un hotel, la calle no parece muy segura y no hay parking, pero estoy tan cansada  que decido quedarme allí y durante dos días visitar la ciudad.

Me voy a dormir pronto porque quiero madrugar para  visitar Istanbul sin aglomeraciones y así fue, porque pude ver el Gran Bazar, tras el correspondiente reconocimiento policial, (la ciudad está tomada por el ejército y la policía), el mercado de las especies, la Mezquita de Santa Sofia, la Pequeña Sofia, La Mezquita azul, El Palacio Topkapi, la Mezquita de Suleimán, la plaza Taksim, etc., etc. etc Pude callejear por las estrechas calles llenas de tiendas que se organizan, por decirlo de alguna manera, como por gremios, es decir, en una calle venden solo zapatos, en la otra solo juguetes, en otra solo ropa y así una tras otra.

Olores y sabores se perciben a cada paso, al igual que esa mezcla de Europa y Asia que se une con el Bósforo, ese puente colgante de tres carriles a cada lado.

Me llama la atención que todo el mundo en su casa, en su balcón o negocio tiene la bandera turca ondeando.

Otra curiosidad es que Estambul está lleno de perros y gatos que están sueltos por la calle, muy mansos por cierto.

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Como se me estropeó el cargador de la cámara, encontré una tienda y resultó que el empleado era motero, así que charleta de rigor, intercambio de fotos y el tipo resultó muy majo.

A primera hora del día siguiente, 05:30h de la madrugada, rumbo a Pamukkale decido madrugar para quitarme parte del tráfico de la “loca” ciudad de 14 millones de habitantes….¡¡¡ aunque hoy me han dicho 20 millones….Madre mía!!!…. Por una vez en la vida AL QUE MADRUGA DIOS LE AYUDA….Y Estambul me regaló unas fantásticas vistas nocturnas y atravesar el puente colgante a las seis de la mañana iluminado todo…BUFFF QUE MARAVILLA….Me despedía de Estambul, mirando hacia atrás, hacia esa ciudad de luces en todas sus mezquitas.0028 TURQUIA-ESTAMBUL.jpg

Merece la pena perderse entre sus callejuelas, merece la pena pasear tranquilamente, merece la pena un paseo en la noche para ver las mezquitas iluminadas…merece la pena escuchar la llamada a la oración, singular, diferente, pero bonito.

PAMUKKALE

Quiero dormir en Pamukkale o castillo de algodón en turco.  Me siento pequeña con mi moto al lado de semejante paraje. Un lugar donde movimientos tectónicos no solo produjeron terremotos sino que ocasionaron la aparición de numerosas fuentes de aguas termales con alto contenido en minerales. Allí la gente toma sus baños y pasa el día en familia. Siendo una atracción turística conocida a nivel mundial, me llamó mucho la atención que la mayoría del turismo era local, y es que el tema de los atentados se nota en Turquía, tanto en número de visitantes como en controles policiales.

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Pero Pamukkale no es solo piscinas de aguas termales, también tiene unas increíbles ruinas de Hierápolis, antigua ciudad helenística ubicada junto a este castillo de algodón, que nació, atraída precisamente por ello; conjunto declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO que bien merece dejar el reloj en la maleta y dejarse llevar por todo su conjunto.

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Tanto tiempo escuchando, leyendo, viendo por diferentes medios Pamukkale y allí estoy, llena de plenitud y disfrutando de un viaje que estará lleno de momentos como este.

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En el hotel, los dueños, dos hombres mayores me invitan a compartir un vino de la región con ellos y charlamos sobre la problemática de Turquía y los últimos acontecimientos, recordemos que un golpe de estado había sacudido al país hacía escasos dos meses, y como en todos los países con problemas de este tipo, el comentario es común: “los gobiernos son una cosa y el pueblo otra”, apenados por ver como el número de turistas a descendido considerablemente.

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Mis dos días en Pamukkale llegan a su fin, me despido del castillo de algodón para coger la carretera que me llevará a Capadocia; una carretera sinuosa, con un asfalto muy malo que brillaba como el cristal, y de repente, perdida, el GPS no me ubica y como siempre, mi mejor aliado un buen mapa, que me sacaría de más de un apuro en Irán.

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Durante casi 600 kilómetros conduzco por una carretera con lagos y parques naturales, como el lago Egirdir, Beysehir o el Bozdag Milli Park, es la carrretera D350, que si bien es compleja, merece la pena y te dan ganas de parar la moto para hacer fotos a cada kilómetro que avanzas.

En Konya, paro en una gasolinera y el hombre me saca un té, acepto y después de un rato me pregunta cuánto tardarán el resto de motos en llegar, a lo que contesto que viajo sola, y recuerdo su cara de sorpresa, ¡SOLA!, ¿Por Turquía?, si y hasta la India le digo; se levanta y avisa a un chico que había dentro, se sacan una foto conmigo y me desean suerte.

CAPADOCCIA

Recuerdo la llegada a Capadocia como DE SOPETÓN E IMPRESIONANTE CON LA BOCA ABIERTA, detrás de una gran curva de repente, ¡Buaff!, castillos tallados en montañas redondeadas que parecen salidos de un cuento de hadas, MARAVILLA DE LA NATURALEZA, con una bonita historia detrás que animo a leer. Es tarde, se esta escondiendo el sol y saco mi cámara para unas fotos con la mejor luz para ello, avanzo por la sinuosa carretera entre estas peculiares montañas en busca de un hotel y casualidades de la vida, termino en uno de dos artistas con los que tendría interesantes tertulias y que me regalarían un libro escrito por ellos sobre la región.

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Capadocia, es todo maravilla, es dejarse perder con tu moto, entrar en una pista y salir a una carretera que serpentea entre caprichosas rocas cónicas, es una experiencia que merece la pena ser vivida una vez en la vida, y si es en moto, mejor.

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Te sientes hormiga entre este paisaje y sobre todo cuando visitas sus ciudades subterráneas que sin saber exactamente para que fueron creadas, han albergado a muchas generaciones dentro de este paraje que es Capadocia Patrimonio también de la Humanidad por la UNESCO desde 1985.

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Capadocia es parar cada poco, pasear por Goreme, pueblo al que accedes entre montañas de hadas, y también, aunque es reciente, subir en globo al amanecer para ver la región desde el aire, todo un espectáculo de color iluminado por el fuego que eleva los globos que se suspenden en el cielo azul, arropados con esa luz del amanecer, ¡fue el segundo amanecer más bonito de mi vida!. Hay que dejarse llevar, escuchar, sentir, oler, mirar, mirar, mirar.

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Después de semejante amanecer, Lusi y yo emprendemos viaje, ya hacia la frontera con Irán; la intención es entrar por Esendere, carretera complicada y más aún cuando aquí los turcos ya conducen peor que los griegos que a su vez conducen peor que los italianos…

Casi 1.200 kilómetros me separan del paso fronterizo, y como en Turquía, las pistas son excepcionales, ruedo sin parar por ellas unas veces con mejor suerte que otras, atravesando poblaciones donde miran perplejos el paso de un moto, son caminos donde te pierdes y huyes de las carreteras para rodar plácidamente, tú y tu moto, no existe nada más. A veces, perdida en un cruce, y apostando por el sentido de la intuición que aunque a veces falla suele acertar bastante. De la veces que falló, cauando terminé en lo alto de un monte sin saber muy bien como, ya noche cerrada, no veía nada, camino con piedras y sin poder acampar; no soy experta en off road, ni mucho menos, más bien novata y muy novata, pero hay momentos en los que no te queda más que tirar para adelante y este fue uno de ellos, al fondo se veía luz y donde hay luz hay vida ¿no?, así que respiré, apreté los ojos y me tiré por aquella pendiente en la que no conseguía ver el camino y quizás eso fue lo mejor, así que poco a poco y venciendo el miedo a la incertidumbre, fui llegando a una carretera y a un pueblo perdido del interior de Turquía, con un solo hotel en el que me quedé y Lusi en la calle durmiendo. Es de esos típicos lugares donde no ven turistas y menos en moto, y menos mujer y menos sola, así que todos me miraban extrañados, pero, una vez más, ni a la moto ni a mi nos pasó nada, dormí, más o menos, con ese cosquilleo de que al día siguiente llegaría a Irán.

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Tras el desayuno turco que se compone siempre de ensalada de tomate con pepinos y unos huevos cocidos emprendo mi ruta hacia la frontera.

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La carretera es complicada, estrecha con curvas muy cerradas y un asfalto muy malo, los camiones que te cruzas, hacen rectas las curvas y esto complica todo todavía más, alguno me sacó de la carretera y es que, como he dicho anteriormente, a medida que te acercas a India la conducción es cada vez peor.

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Esta zona de Turquía es diferente a todas las que estamos acostumbrados a ver en los folletos turísticos, es una zona interior del país, ruda, agreste, con muchas pistas para rodar en moto, de repente la pista termina en una carretera, y a los pocos metros, allí estaba, el panel informativo que me decía ¡IRAN ESTÁ CERCA!. Los siguientes kilómetros fueron complicados, muchas obras sobre caminos y con soluciones no muy pensadas como cortar un camino y ponerte montones de tierra y piedra como carretera de paso, así que de pies en mi moto, voy a travesando “territorio off road”, que si bien al principio, hasta te divierte, al final ya estás pensando “¡cuándo termina esto!”, eran kilómetros de caminos con piedras, con pendientes pronunciadas, camiones  que iban frenando para poder pasar y que fui adelantando,¡Quién me lo iba a decir a mi, temerosa como era en esto del off road!.

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De repente, caravana y control policial con un montón de militares en mitad de un camino polvoriento, van pidiendo pasaportes, me preguntan hacia donde voy, les digo que a Irán ¿Sola?, ¡si!, ¿A Irán?, Irán no es bueno.  Supongo que las sonrisas siempre abren puertas, así que con ella, me despido de los soldados que me dan la mano y me desean suerte, avanzo, y a los pocos kilómetros otro control policial, y así hasta cinco hasta llegar al punto fronterizo con irán; estoy en la parte turca. Del coche que está delante de mi baja un señor que se pone a hablar con el policía, la gente empieza a gritar, se acercan a mi y me dicen, “la frontera cierra en cinco minutos, ¡ pasa!”, yo le respondo que no puedo, que hay un coche delante, “¡te quedarás a dormir aquí si cierran!”, el policía y el conductor siguen hablando como si nada y de repente les gritan para decirles, que va a cerrar el puesto fronterizo y que me dejen pasar… así que el coche avanza y ya estoy dentro de la frontera turca donde los  policías no entienden porque quiero visitar Irán, y me hacen la pregunta tan popular y cotidiana en mi viaje  ¿SOLA?.

He pasado el control turco, y estoy ahora en esa zona intermedia entre un país y otro, esa zona fronteriza que parece territorio de todos y de nadie, la barrera de la frontera iraní se abre por un militar, estoy en Irán, bueno a las puertas de Irán.

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