FRONTERA TURCO GEORGIANA- EMPIEZA EL VIAJE

EN LA FRONTERA TURCO GEORGIANA

Estamos en la frontera entre Turquía y Georgia; Por Turquía rápido y sin problemas, tan solo un funcionario que pregunta si venimos desde España con las motos haciendo un gesto entre el asombro y la locura; nos advierte de que tengamos cuidado por el país georgiano. Me habían contado que tardaríamos sobre dos horas en pasar el lado de Georgia y una inmensa caravana de camiones y coches de kilómetros se va quedando a nuestra derecha y avanzamos los tres, Agustí, Berto y yo…Estamos delante y guardamos escrupulosamente el turno, hasta que un policía, para sorpresa nuestra nos manda pasar, y en menos de media hora estamos en el país.

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¿Qué cómo conducen?, pues “a lo georgiano”, jjejejej… Enseguida nos damos cuenta del contraste entre la antigua Unión Soviética y la modernidad y forma de vida europea; en Georgia la mayoría de la gente se identifica más con los europeos.  Según mi humilde opinión, es una mezcla entre Kosovo, Macedonia y la Rusia “rica”, la que además ostenta de ello con coches de alta, altísima gama que circulan acelerando a cada salida como si de un circuito se tratará.

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Casas normales se mezclan en Batumi, la frontera, con edificios enormes y modernos.

Toca buscar un lugar para dormir y se acerca a nosotros un todo terreno, era “EL GENERAL”, un hombre mayor que nos enseña su carnet de general jubilado y nos dice que tiene unos apartamentos de lujo que Berto fue a visitar mientras Agustí y yo nos quedábamos allí al cuidado de las motos, resulto que de lujo tenía, un ascensor al que había que echar monedas para subir, jejejej….retrocedemos y nos acercamos a los 15 kilómetros más o menos que nos separan de la frontera donde habíamos visto muchos hoteles.

Entramos en una calle sin asfaltar, como todas las que en Georgia están fuera de las principales carreteras y preguntamos, después de negociar el precio de  195 GEL, contando una batalla que nos hacia dividir nuestro presupuesto para atravesar el mundo…. Nos lo dejan en 120 GEL….

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Una buena ducha, y quedamos los tres para cenar, a pie de playa, eso sí, después de una merecida cerveza georgiana, rica y de medio litro (por cierto aquí en Georgia la tasa de alcohol es 0,0).

La charla en la playa con Agusti se hace corta, estamos a gusto y eso se nota, disfrutamos de esa noche y supongo que de aquí ya ha nacido una nueva y buena amistad con este viajero.

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Toca dormir y descansar, los viajes largos son como las maratones, poco a poco y con cabeza para dosificar bien todo, como se dice en la montaña “empezar como un viejo para terminar como un joven”.

Perderse forma parte del viaje, es una de las mejores cosas que nos puede pasar para vivir realmente la aventura y el disfrute de un gran viaje, PERDERSE ES ENCONTRARSE, sin estresarse por ello, ¡seguramente tras perderse se encuentra siempre algo más bonito aún o al menos diferente!: No se puede estar pendiente todo el día de estas cosas, para mi ¡ hay que dejarse llevar!.

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Los georgianos, en principio son gente muy acogedora y servicial, y aunque al principio parecen serios en cuanto tu les das una sonrisa ellos te la devuelven.

En Batumi, visitamos el famoso monumento del amor, que cuenta la historia de Ali, un musulmán que amaba a Nino una princesa georgiana separados por cuestiones de índole político-religiosas y que una célebre escultora del país represento con dos esculturas de unos ocho metros que se juntan en un intenso abrazo y beso para volverse a separar.

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La ciudad es una preciosidad, y las avenidas lujosas contrastan con las anticuas y viejas casas de la era soviética, esto en el centro, porque a las afueras ya son calles sin asfaltar con casas todas viejas y mercados callejeros, caóticos y llenos de coches.

Continuamos avanzando dirección a Mestía y atravesamos una reserva natural de belleza indescriptible con sinuosas curvas que hay que tener cuidado al trazar porque el asfalto es muy malo y la moto va rebotando continuamente.  Nos paramos en un puesto de pescado al lado de la carretera polvorienta, no sabemos si era del lago de la derecha o del mar del otro lado, aún así y a pesar del polvo tenía pinta de muy fresco, pero como no era plan de llevarse un pescado en la moto, nos compramos unas avellanas naturales y muy ricas.

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Paisajes, casas georgianas, vacas y cerdos  atravesados en la carretera, como en la India, salpican este singular paisaje, a veces también con esculturas de la antigua Unión Soviética que siguen en su lugar pero muy descuidadas.

Estamos camino de Mestia, ya en el corazón de Turquía, tocará subir unos 1500 metros por complicadas carreteras, pero eso, eso será mañana.

 

 

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